viernes, 15 de julio de 2016

No tengas miedo de expresar lo que sientes

Todavía hay muchas personas que dudan de la relación directa que existe entre nuestras emociones y nuestra salud física.
Debemos ser conscientes de que cuando evitamos expresar nuestras opiniones o hacer lo que nos gusta por miedo a desagradar a los demás, al final lo que conseguimos es sentirnos mal con nosotros  mismos/as.
Por ejemplo, el miedo a perder a un amigo por el hecho de expresar o discrepar con él, nos puede llevar a negar nuestros sentimientos y puede que más adelante estos  nos  desborden .



No es necesario que sean cuestiones sin importancia o intrascendentes  pues sumadas, pueden generar un auténtico caos en nuestro interior si se lleva haciendo de manera prolongada en el tiempo.


No deberíamos tener miedo de ser sinceros y os contamos el  porqué:
  1. Los sentimientos no se eligen. Es lícito tener  pensamientos y emociones que nos hagan sentir mal porque  sentir de una forma u otra no nos convierte en buenas o malas personas; pues son nuestros actos los que nos hacen ser mejores o peores personas.
  2. Las emociones funcionan como una brújula. Es decir, tenerlas en cuenta contribuye a discernir entre lo que deseamos y no por tanto, nos orienta en nuestra  toma decisiones y por tanto favorece en la construcción de una buena autoestima.
  3. Los amigos, las personas en general evolucionamos. Si nuestro ideal de  amistad choca con nuestra realidad, es momento de escucharnos y averiguar qué es lo que realmente queremos y qué nos molesta para así buscar soluciones.
  4. Respeta lo que sientes. Si lo haces y eres consecuente con tus sentimientos y pensamientos, te será fácil expresar tus desacuerdos. Hazlo con  serenidad, seguridad y no hagas aquello que no quieres hacer. Aprende a ser asertivo. De esa forma te respetarás, te respetarán y eso te hará estar bien contigo.
  5. Decir lo que sientes no es sinónimo de discusión. Todos los amigos alguna vez atraviesan etapas de crisis o desencuentro, de distanciamiento o tienen algún conflicto, y eso no implica necesariamente romper la amistad. Por el contrario, en muchas ocasiones contribuye a fortalecer la relación aún más.
Por tanto y resumiendo,  busca siempre el equilibrio entre razón y emoción. Escucha a tus sentimientos y emociones Ser capaces de indentificar lo que se siente y reconocérselo ante uno mismo es el primer paso. Conviene dedicar un tiempo a analizar y averiguar lo que se quiere, ante qué cosas se experimenta temor, qué es  aquello que  nos entristece. (Ya hemos tratado el manejo de las emociones en artículos anteriores).


Aceptar esos  sentimientos que nacen de tí. Es posible que con nuestra razón no lleguemos a entenderlos del todo pero es importante respetarlos para no actuar en detrimento de nosotros mismos. 

Y por último aprende a manejar tus emociones. Una vez que las conoces, dales salida apoyándote en la razón. Esa será la manera de  poder expresarlas y conseguir aquello que siempre has deseado...
NO TENGAS MIEDO .... SIENTE, ACEPTA Y ACTUA EN CONSECUENCIA  Y CON VALENTÍA