martes, 30 de agosto de 2016

El sufrimiento humaniza y diviniza a todos aquellos que se dejan conducir de manera serena por las leyes del Universo

Si cada vez que somos lastimados por otras personas o por cualquier otra cosa o circunstancia, nos acostumbramos a percibir únicamente el sufrimiento que nos genera, entonces incluso al surgir el menor problema, ello nos causará una enorme angustia en nuestra mente. Esto ocurre porque la naturaleza de cualquier percepción o idea, sea de felicidad o de pena, es crecer y crecer cada vez con más fuerza mientras más nos acostumbramos a ella. Por tanto si nos acostumbramos a percibir lo negativo, a medida que el poder de este hábito aumenta paulatinamente, en poco tiempo casi todo lo que percibimos se convierte en la causa que en verdad atraerá la desdicha hacia nosotros, y así la felicidad nunca tendrá la oportunidad de alcanzarnos.



El monje tibetano Matthieu Ricard, apodado por los neurocientíficos de la Universidad de Wisconsin como "el hombre más felíz del mundo"; nos asegura en una de sus charlas, que debemos  comprender que todo depende de la forma en que nuestra mente desarrolla este hábito. Debemos dejar de culpabilizar a las situaciones, circunstancias y a los objetos externos; pues de no ser así el sufrimiento, el karma negativo, la agresión, la apatía, el temor, la ira, el rencor y muchos otros, se extenderán irremediablemente como un incendio voraz en nuestro ser. Todas las apariencias y supuestas percepciones surgirán como enemigos inevitables.
Todo ello no quiere decir que hechos como las enfermedades o circunstancias desagradables puedan ser expulsadas y que jamás ocurrirán de nuevo en nuestras vidas. Más bien, significa sencillamente que no podrán ser capaces de impedirnos practicar en el camino. Para que esto ocurra, necesitamos:




1. Abandonar la actitud de negarnos a enfrentar cualquier sufrimiento o circunstancia adversa

Piensa acerca de toda la depresión, ansiedad e irritación que nos origina el percibir  el sufrimiento como algo desfavorable o algo que ha de evitarse a toda costa. Reflexiona ahora acerca de dos cosas: lo inútil de esta postura, y cuántos problemas nos causa. Continúa reflexionando acerca de esto repetídamente, hasta que estés absolutamente mentalizado/a y convencido/a. Luego afirma mentalmente para tí mismo/a: 
“De ahora en adelante, cualquier sufrimiento que venga a mi, le haré frente y jamás me pondré ansioso/a ni irritado/a.”

Visualiza esto una y otra vez en tu mente e invoca toda tu valentía y determinación. Observa desde la distancia el problema y piensa: 
Si puedo hacer algo para solucionar este problema, entonces no hay necesidad de preocuparme o ser infeliz por ello; si no puedo hacer algo, entonces tampoco sirve de nada preocuparme o ser desdichado/a por ello”
Poco a poco nuestra fortaleza mental nos permitirá soportar con facilidad el más profundo de los sufrimientos; estos no podrán asentarse ni hacer raices sólidas en nuestra mente.  Pero mientras estemos dominados por la ansiedad, incluso el más pequeño problema se vuelve extremadamente difícil de soportar, porque ya tenemos implantada en nosotros/as  la carga adicional de la desdicha mental.
Aprende a dejar la mente imperturbable, aprende a cerrar la puerta de los sentidos, trae la mente a casa, permite que encuentre su propia base, en su propio estado natural.

2. Cultivemos la actitud aceptar de manera abierta el sufrimiento.

El sufrimiento humaniza y diviniza a todos aquellos que se dejan conducir de manera serena por las leyes del Universo.

Si nos acostumbramos a ver el sufrimiento como un aliado para ayudarnos en el camino de la vida hacia la superación personal,  desarrollaremos un sentido de alegría cuando éste nos sobrevenga. 
Sí, esto es difícil de entender. Pero es importante comprender e interiorizar que el sufrimiento no sólo nos purifica, sino que perfecciona nuestra fuerza interior. Jamás nadie logró vivir sin sufrir el examen de la naturaleza. 
Te pregunto: ¿Eres realmente capaz de vivir? Si es así, entonces, eres capaz de sufrir.
Si nos entrenamos y trabajamos en estos dos puntos fundamentales entonces:
  • Nuestra mente y nuestro carácter se volverán más sereno. 
  • Nos volveremos más abiertos y flexibles mentalmente. 
  • Mejoraremos las relaciones interpersonales.
  • Seremos valientes y estaremos llenos de confianza porque sabremos enfrentarnos a cualquier problema que nos presente la vida. 
  • Nos liberaremos de los lastres que impiden nuestro desarrollo personal
  • Seremos capaces de extraer de cualquier circunstancia negativa su lado positiva, lo que facilitará que se den circunstancias de éxito y condiciones auspiciosas. 
  • Estaremos mentalmente siempre  contentos /as , en esa agradable plenitud que nace de la paz interior.



“La felicidad y el sufrimiento dependen de nuestra mente, de nuestra interpretación. Estos no vienen de fuera, ni de otros. Toda nuestra felicidad y todo nuestro sufrimiento son creados por nosotros mismos, por la  propia mente”
(Lama Z. Rimpoche)