lunes, 16 de julio de 2018

Un Acuerdo de Almas

Cuentan que antes de nacer, cuando cada Ser decidió venir a la Tierra  hace millones de siglos atrás para vivir la experiencia 3D hubo un acuerdo de almas.

Primero cada alma seleccionó minuciosamente con sus maestros de Luz, todas las experiencias que deseaba vivir en esta encarnación. Algunos eligieron aprender a través del desapego, otros de la soledad, otros de la enfermedad, otros a través de las pérdidas.






La mayoría, decidieron aprender de la relación de pareja. Algunos se atrevieron a experimentar la riqueza material y así sucesivamente, como si eligieran las materias para matricularse en la Universidad, todos decidieron sus misiones.

Y hubo una gran reunión entre ellas para pactar cómo se relacionarían sus almas… Como cuando se reparten los roles en una obra teatral, cada cual recibió su papel en la obra de su vida y entonces nacieron.

Algunas de estas almas se encontraron desde su nacimiento y son hermanos. A otras les tocó ser compañeros del colegio, para llegar a ser amigos en la adultez. Otros no se encontraron hasta ya mayores, fue entonces que pactaron conocerse en una fiesta y enamorarse.

Hubo quienes tendrían roles mínimos en la vida del otro. Serían el médico que lo revisó cuando estuvo ingresado por apendicitis; otro sería quien le ofrecería la oportunidad de ganar dinero fácil;  otro sería el taxista que lo llevaría al aeropuerto aquel día en que le avisaron de que su madre vivía sus últimas horas, etcétera.

Nada, absolutamente nada es casual en la vida de ninguno de nosotros/as. Hay libre albedrío. Nos hemos repartido los papeles en esta película de la vida, pero no hay guión. Cada uno de nosotros/as crea sus propios diálogos y acciones y necesita asumir la responsabilidad de las consecuencias.

Por tanto, reflexiona: ¿Por qué tienes a ese jefe tan exigente y perfeccionista? Será que acordaron que él sacaría lo mejor de ti y te puliría cual diamante? O será que tienes que aprender la tolerancia? Y si lo que debes hacer es renunciar? Difícil saber lo que viniste a vivenciar con cada persona que se cruza en tu vida;  pero tu alma lo sabe.  El Alma sólo sabe comunicarnos mensajes a través de lo que llamamos intuición.

Comprende ahora que esa persona que está allí como un Pepito Grillo es porque quizás tú se lo pediste, le rogaste que fuera la voz de tu conciencia y tú mismo/a le suplicaste: No importa que te odie, pero no me dejes realizar algunas acciones que me dejarán paralizado/a en esta encarnación.




Todo esto no recordamos. No sabemos qué nos une a todo el elenco que nos ayuda a representar la película de nuestras vidas, pero hay un acuerdo tácito entre todos de permanecer juntos para ayudarnos mutuamente a crecer, a evolucionar.

Entre todos formamos un verdadero equipo de sanación porque nos ocupamos tanto de nuestro propio desarrollo como del de los demás. Pero también podemos cerrar abruptamente la relación con algunas personas por problemas meramente terrenales por el libre albedrío.

Todo este camino iniciado en nuestra primera encarnación hace millones de siglos atrás tiene como objetivo la iluminación. Cada encarnación agregamos gotas de luz a nuestra conciencia y así evolucionamos. A veces, llega a nuestra vida alguien que nos enseña algo y quien al mismo tiempo recibe enseñanza nuestra y luego se va, desaparece de nuestra vida, pues ya se cumplió el trato pactado en el llamado Plano Sublime o Cielo. Luego, avanzamos despacio en términos terrenales o mundanos, pero vamos a la velocidad de la luz en términos estelares o cósmicos.

Por ello, es importante no juzgar  ninguna relación  como un triunfo o fracaso.  Estamos aprendiendo, y el sólo hecho de poder interactuar con otros, de conocerlos, descubrir sus diferencias, llegar hasta lo profundo de su alma convierte cualquier relación en un éxito. 

Así que no sufras con ese jefe maltratador, con esa pareja infiel, con esa persona envidiosa, con el familiar desleal, con el vecino chismoso, con ese profesor abusivo, ese pretendiente meloso, esa hija rebelde... 

Sólo mírales directamente al alma y diles: Gracias por respetar el trato.