miércoles, 3 de abril de 2019

La guerra contra el tiempo



Vivimos en un mundo obsesionado con la imagen de juventud y belleza. Hasta cierto punto es normal que nadie quiera envejecer, ya que a medida que nos hacemos mayores, perdemos facultades físicas y nuestro estado de salud se vuelve más vulnerable.





Para muchos, la vejez puede ser una época complicada, pues no es fácil asumir que los mejores años de nuestra vida pueden haber pasado. Para muchas personas existe un miedo tan irracional a hacerse mayor, que ese temor afecta a su bienestar y calidad de vida.

Os invitamos a disfrutar de este maravilloso texto de Elisa Dapena Cruz que nos sirve de reflexión. Unas bellísimas palabras llenas de realismo ante el proceso natural del paso del tiempo en nosotros: 



"Tarde o temprano perdemos la guerra contra el tiempo. Nuestra juventud se nos escapa del cuerpo y la gravedad fuerte y descarada se toma todo aquello que cuidadosamente nos hemos esforzado por mantener en su lugar. Ya no hay cremas ni pomadas que borren las marcas de tantas risas, penas, trasnoches y enojos de nuestro semblante. Tomamos vitaminas, colágeno, limón, jengibre, vinagre de manzana, miel y omega 3 y cuantas fórmulas hechiceras se nos atraviesen. Comemos menos para llenarnos de hambre. Sudamos cuando hace frío y el sueño nos desvela.

Un día nos damos cuenta que no hay tacón cómodo, que no vemos sin gafas y las raíces de nuestras canas crecen sin piedad; que nuestra cintura se va emparejando y nuestras rodillas se van redondeando. Un día, nos cansamos de imitar en el espejo, a aquella joven que fuimos. Nos miramos de frente, sin luz cálida ni sombras y por fin aceptamos que hemos vivido más vida de la que nos queda. Y qué bello que ha sido haberlo vivido y sentido; haber dado tanto amor, como haberlo recibido. Adquirir la experiencia y aprender de paciencia.




Qué importa si ganó la gravedad y perdimos la guerra contra las arrugas, que nos cansamos de hundir el estómago, de sacar el pecho y la cola. Qué importa si la belleza ya sale del alma, si esa belleza es infinita y llenita de amor y perdón. Qué importa que vamos pa viejas, que las hay más jóvenes y más bellas. Qué importa si tenemos la vida y cada experiencia nos pinta de sabiduría. Qué honor haber sido y continuar siendo madres, esposas, novias,amantes hermanas, abuelas y amigas. Que aun nos queda mucho amor por vivir y llega sin exigir ni pedir.

¡Qué maravillosa es esta etapa de ser como somos, de amarnos tal cual!
¡Qué lindo es seguir adelante con todo lo vivido y aprendido!"

“La madurez del hombre es haber recobrado la serenidad con la que jugábamos cuando eramos niños”.
Frederich Nietzsche