lunes, 25 de junio de 2018

Meditación del Dalai Lama para trabajar la compasión


La compasión es la esencia de la vida espiritual. La compasión es la mente que siente aprecio por los demás y desea liberarlos de su sufrimiento. Pero, entender esto en su más pura esencia es importante.


Por ejemplo, en ocasiones, deseamos que una persona se libere de su sufrimiento por motivos egoístas; esto ocurre a menudo en las relaciones basadas en el apego. Por ejemplo, si nuestro mejor amigo está enfermo o se siente deprimido, deseamos que se recupere lo antes posible para volver a disfrutar de su compañía, pero esto es un deseo egoísta, no verdadera compasión. Para sentir verdadera compasión debemos estimar a los demás.




Aunque tenemos cierto grado de compasión, es limitado y parcial. Cuando nuestros seres queridos están sufriendo, sentimos lástima por ellos con facilidad, pero nos resulta más difícil sentir lo mismo por las personas que nos resultan ajenas o desagradables. Incluso, sentimos compasión por los seres cuyo sufrimiento es evidente, pero no por los que disfrutan de buenas condiciones ni por los que cometen acciones perjudiciales.
Si de verdad deseamos que madure nuestra espiritualidad, hemos de aumentar el ámbito de nuestra compasión hasta abarcar a todos los seres sintientes sin excepción, al igual que una madre es compasiva con sus hijos aunque hagan travesuras.
Cuando empezamos a reconocer que todas las personas, al igual que uno mismo, no desean sufrir y tienen derecho a alcanzar la felicidad, estamos conformando la base para empezar a  generar compasión.
El Dalai Lama en su libro, “Las Leyes de la Vida”; nos propone la siguiente meditación para trabajar la compasión:


  • Empecemos cerrando los ojos y visualizando a una persona que está sufriendo, a alguien que se encuentra en una situación dolorosa, muy infortunada.

  • Durante los tres primeros minutos de la meditación, reflexionemos sobre el sufrimiento de ese individuo de forma analítica, pensemos en su intenso sufrimiento y lo infeliz de su existencia.
  • Después tratemos de relacionarlo con nosotros mismos, pensando: "Este ser tiene la misma capacidad que yo para experimentar dolor, alegría, felicidad y sufrimiento".



  • A continuación, tratemos de que surja en nosotros un sentimiento natural de compasión hacia esa persona. Intentemos llegar a una conclusión, pensemos en lo fuerte que es nuestro deseo de que esa persona se vea libre de su sufrimiento. Tomemos la decisión de ayudarla a sentirse aliviada.
  • Finalmente, concentrémonos en esa resolución y, durante los últimos minutos de la meditación, tratemos de generar un estado de compasión y de amor en nuestra mente.