martes, 12 de febrero de 2019

Nuestra salud no es rentable para la industria farmacéutica

La investigación en la salud humana no debería depender en absoluto de la rentabilidad y lucro económico de las Industria Farmacéutica.
Es desalentador como resulta más rentable actualmente y a largo plazo mantener a las personas permanentemente enfermas y dependientes de medicamentos que alivien los síntomas pero que no curan definitivamente perpetuando así la enfermedad.
Veamos lo que al respecto, el bioquímico Richard J. Roberts, Premio Nobel de Medicina 1993, expone en una entrevista al Diario La Vanguardia de España:





- Sr. Roberts, actualmente la industria farmacéutica quiere servir a los mercados de capital como cualquier otra industria....
- Sí, pero se nos olvida que no es cualquier otra industria: estamos hablando de nuestra salud y nuestras vidas y las de nuestros hijos y millones de seres humanos.

- Pero si son rentables, investigarán mejor.
- Si sólo piensas en los beneficios, dejas de preocuparte por servir a los seres humanos.

- ¿Por ejemplo?
- He comprobado como en algunos casos los investigadores dependientes de fondos privados hubieran descubierto medicinas muy eficaces que hubieran acabado por completo con una enfermedad...

- ¿Y por qué dejan de investigar?
- Porque las farmacéuticas a menudo no están tan interesadas en curarle a usted como en sacarle dinero, así que esa investigación, de repente, es desviada hacia el descubrimiento de medicinas que no curan del todo, sino que cronifican la enfermedad y le hacen experimentar una mejoría que desaparece cuando deja de tomar el medicamento.



- Es una grave acusación.
- Pues es habitual que las farmacéuticas estén interesadas en líneas de investigación no para curar sino sólo para cronificar dolencias con medicamentos cronificadores mucho más rentables que los que curan del todo y de una vez para siempre. Y no tiene más que seguir el análisis financiero de la industria farmacológica y comprobará lo que digo.
- Hay dividendos que matan Sr. Roberts...
- Por eso le decía que la salud no puede ser un mercado más ni puede entenderse tan sólo como un medio para ganar dinero. Y por eso creo que el modelo europeo mixto de capital público y privado es menos fácil que propicie ese tipo de abusos.

- ¿Un ejemplo de esos abusos?
- Se han dejado de investigar antibióticos porque son demasiado efectivos y curaban del todo. Como no se han desarrollado nuevos antibióticos, los microorganismos infecciosos se han vuelto resistentes y hoy la tuberculosis, que en mi niñez había sido derrotada, está resurgiendo y ha matado este año pasado a un millón de personas.

- ¿No me habla usted  Sr. Roberts del Tercer Mundo?
- Ése es otro triste capítulo: apenas se investigan las enfermedades tercermundistas, porque los medicamentos que las combatirían no serían rentables. Pero yo le estoy hablando de nuestro Primer Mundo: la medicina que cura del todo no es rentable y por eso no investigan en ella.

- ¿Los políticos no intervienen?
- No se haga ilusiones: en nuestro sistema, los políticos son meros empleados de los grandes capitales, que invierten lo necesario para que salgan elegidos sus chicos, y si no salen, compran a los que son elegidos.

- De todo habrá.
- Al capital sólo le interesa multiplicarse. Casi todos los políticos -, y sé de lo que hablo, dependen descaradamente de esas multinacionales farmacéuticas que financian sus campañas. Lo demás son palabras.

jueves, 7 de febrero de 2019

El alma atrae lo que secretamente alberga


El filósofo británico James Allen, decía: “El alma atrae aquello que secretamente alberga aquello que ama, y también aquello que teme; alcanza la cúspide de sus más preciadas aspiraciones, cae al nivel de sus más impuros deseos; y las circunstancias son los medios por los que el alma recibe lo que es suyo”.



"Las personas no atraemos aquello que queremos,sino aquello que somos"


Nuestros antojos, caprichos, y ambiciones se frustran a cada paso, pero son nuestros más íntimos pensamientos y deseos los que se alimentan de sí mismos, sean estos limpios o sucios.
La “divinidad que nos da forma” está dentro de cada uno de nosotros mismos/as; somos Nosotros Mismos. Nuestro Ser está maniatado sólo por sí mismo. Son el pensamiento y la acción los carceleros del destino, ellos nos apresan y reprimen si son bajos; por el contrario, son ángeles de Libertad y nos liberan, si son nobles.

Tarde o temprano nos damos cuenta de que somos labradores de nuestra propia alma, responsables de nuestro camino, constructores de nuestra vida. También descubrimos interiormente las leyes del pensamiento y comprendemos, cada vez con mayor exactitud, que las fuerzas del pensamiento intervienen en la edificación del carácter, circunstancias y destino.



El hecho de que el pensamiento crea nuestras circunstancias, es sabido por todo/a aquel que durante un periodo de tiempo ha practicado el control de sí mismo/a.

Es cierto que una persona no puede escoger directamente sus circunstancias, pero puede escoger sus pensamientos, y de ese modo, indirectamente, pero con certeza, dar forma a sus circunstancias. Mientras te pienses como un ser creado por las condiciones externas, seguirás siendo abofeteado/a por las circunstancias. Sólo cuando te des cuenta de que eres un poder creativo, y que puedes manejar las tierras y semillas de tu Ser de las que las circunstancias nacen, te habrás convertido en dueño/a de ti mismo/a.

La mayoría de las veces, aspiramos buenos fines que continuamente frustramos al estimularlos con pensamientos y deseos que no armonizan con ese fin. Es entonces, cuando emerge el sufrimiento como efecto de los pensamientos equivocados en alguna dirección. Esto es indicador de que el individuo está fuera de armonía consigo mismo y con la ley de su propio ser.




El sufrimiento cesa para quien es puro, pues un ser perfectamente puro e iluminado no puede sufrir. Una persona sólo empezará a ser pura cuando deje de lamentarse y maldecir, y comience a buscar la justicia oculta que gobierna su vida. Y al adaptar su mente a este factor primordial, cesará de acusar a otros como la causa de su situación, y se forjará a sí misma con pensamientos nobles y fuertes; dejará así de pelear contra las circunstancias, y empezará a utilizarlas como trampolín para progresar más rápido, y como un medio para descubrir el poder y las posibilidades ocultas dentro de sí.



miércoles, 6 de febrero de 2019

Las emociones ocultas del tabaquismo


Si hay algo que todos sabemos, es que el tabaco está vinculado y afecta directamente a los pulmones; símbolo de vida, de libertad, autonomía y comunicación entre nuestro Yo y el Universo.




El tabaquismo está considerado como una forma de protección, un “velo” que generalmente permite ocultar angustias profundas en el consumidor. La persona afectada por el tabaquismo cree protegerse rodeándose de una pantalla de humo que le impide ver la verdad.
De una manera inconsciente el cigarrillo colma muchas necesidades pendientes de su infancia: primeras tomas de pecho, calor, amor, afecto de la madre.
La persona fumadora llega a encender los cigarrillos sin darse cuenta de ello, sin ser consciente, sin pensar, es una costumbre, un gesto automático, una manía que se ha hecho muy importante para ella.





¿Por qué nacen todas estas emociones?

Según la  bioneuroemoción, las personas fumadoras necesitan equilibrar esa ansiedad y carencias afectivas. Necesitan encontrar “la paz de su madre”, la seguridad  de ésta. La lactancia materna es reconocida por médicos y pedagogos como la primera experiencia de amor más intensa e íntima en el ser humano y tiene como resultado el desarrollo de actitudes positivas como la seguridad y la independencia afectiva.

Por el contrario, la carencia de este vínculo pude generar en algunas personas la decisión de compensar de forma indirecta su carencia afectiva a través de una sensación de placer oral, buscando de forma inconsciente la expresión de sentirse amado y aceptado.

Fuma como huida, como una forma de evadir las situaciones desagradables . Es más fumar que tomar decisiones y dar solución a los problemas. Pero este humo hace que sus decisiones estén aún más nebulosas.

El tabaco aumenta el ritmo cardíaco y actúa como estimulante.
Si eres una persona enganchada al tabaco, pregúntate: ¿Cuáles son las decisiones que no consigo tomar y que hace vida triste y sosa? El primer paso condicionante para cualquier rehabilitación será:

  • Identifica tus necesidades auténticas.
  • Acepta comunicar más y de un modo más fácil.

Si quieres dejar de fumar, sería importante que hallaras la causa emocional a la cual está vinculada esta costumbre, lo cual facilitará mucho el cese. Entonces verás más claramente lo que realmente quieres en la vida y tus necesidades estarán colmadas en armonía con tu verdadera esencia. Tu Yo más auténtico.






Las terapias grupales también podrán ayudarte a crear una correcta identificación de situaciones de riesgo potencial que servirán como trampolín para disminuir recaídas logrando experimentar un sentido de pertenencia y apoyo enriquecedor verdaderamente significativo.




viernes, 1 de febrero de 2019

Un 70% de las enfermedades del ser humano vienen del campo emocional

El Doctor Jorge Carvajal, es médico de la Universidad de Antioquia, pionero de la Medicina Bioenergética en Hispanoamérica y creador de la Sintergética.
La sintergética es ante todo un método para servir, para liberar lo mejor de nuestro potencial, para encontrar ese médico interior -ese sanador que hay en cada uno de nosotros/as, para encontrar y revelar lo mejor del potencial humano y ponerlo en acción. Hablan de él como un cirujano y sanador de almas que escucha a sus pacientes con el corazón y que cura no sólo al cuerpo, sino también al Ser. 




- Doctor Carvajal, ¿qué es la enfermedad?
Es un maestro, una oportunidad para organizar una armonía superior en nuestra propia vida, a nivel físico, emocional, mental y espiritual.
- ¿Qué enferma primero, el cuerpo o el alma?
El alma no puede enfermar, porque es lo que hay perfecto en nosotros/as, el alma evoluciona, aprende. En realidad, buena parte de las enfermedades son todo lo contrario: son la resistencia del cuerpo emocional y mental al alma. Cuando nuestra personalidad se resiste al designio del alma es cuando enfermamos.
- ¿Hay emociones perjudiciales para la salud? ¿Cuáles son las que más nos perjudican?
Un 70% de las enfermedades del ser humano vienen del campo de conciencia emocional. Las enfermedades muchas veces proceden de emociones no procesadas, no expresadas, reprimidas. El temor, que es la ausencia de amor, es la gran enfermedad, el común denominador de buena parte de las enfermedades que hoy tenemos. Cuando el temor se queda congelado afecta al riñón, a las glándulas suprarrenales, a los huesos, a la energía vital, y puede convertirse en pánico.
- ¿Nos hacemos los fuertes y descuidamos nuestra salud?
De héroes están llenos los cementerios. Te tienes que cuidar.Tienes tus límites, no vayas más allá. Tienes que reconocer cuáles son tus límites y superarlos porque si no los reconoces, vas a destruir tu cuerpo.
- Doctor Carvajal, ¿cómo nos afecta la ira?
La ira es santa, es sagrada, es una emoción positiva porque te lleva a la autoafirmación, a la búsqueda de tu territorio, a defender lo que es tuyo, lo que es justo. Pero cuando la ira se vuelve irritabilidad, agresividad, resentimiento, odio, se vuelve contra ti, y afecta al hígado, la digestión, el sistema inmunológico…
- ¿La alegría por el contrario nos ayuda a estar sanos?
La alegría es la más bella de las emociones porque es la emoción de la inocencia, del corazón, y es la más sanadora de todas, porque no es contraria a ninguna otra. Un poquito de tristeza con alegría escribe poemas. La alegría con miedo nos lleva a contextualizar el miedo y a no darle tanta importancia.
- ¿La alegría suaviza el ánimo?
Sí, la alegría suaviza todas las otras emociones porque nos permite procesarlas desde la inocencia. La alegría pone al resto de las emociones en contacto con el corazón y les da un sentido ascendente. Las canaliza para que lleguen al mundo de la mente.
- ¿Y la tristeza?
La tristeza es un sentimiento que puede llevarte a la depresión cuando te envuelves en ella y no la expresas, pero también puede ayudarte. La tristeza te lleva a contactar contigo mismo y a restaurar el control interno.Todas las emociones negativas tienen su propio aspecto positivo, las hacemos negativas cuando las reprimimos.
- ¿Es mejor aceptar esas emociones que consideramos negativas como parte de uno mismo?
Como parte para transformarlas, es decir, cuando se aceptan fluyen, y ya no se estancan, y se pueden transmutar. Tenemos que canalizarlas para que lleguen desde el corazón hasta la cabeza.
- ¡Qué difícil!
Sí, es muy difícil. Realmente las emociones básicas son el amor y el temor (que es ausencia de amor), así que todo lo que existe es amor, por exceso o defecto. Constructivo o destructivo. Porque también existe el amor que se aferra, el amor que sobreprotege, el amor tóxico, destructivo.
- ¿Cómo prevenir la enfermedad?
Somos creadores, así que yo creo que la mejor forma es creando salud. Y si creamos salud no tendremos ni que prevenir la enfermedad ni que atacarla, porque seremos salud.
- ¿Y si aparece la enfermedad?
Pues tendremos que aceptarla porque somos humanos. También enfermó Krishnamurti (famoso escritor y orador espiritual) de un cáncer de páncreas y no era nadie que llevara una vida desordenada. Mucha gente muy valiosa espiritualmente ha enfermado. Debemos explicarlo para aquellos que creen que enfermar es fracasar. El fracaso y el éxito son dos maestros, pero nada más.Y cuando tú eres el aprendiz, tienes que aceptar e incorporar la lección de la enfermedad en tu vida.

- Doctor, cada vez más personas sufren ansiedad…
La ansiedad es un sentimiento de vacío, que a veces se vuelve un hueco en el estómago, una sensación de falta de aire… Es un vacío existencial que surge cuando buscamos fuera en lugar de buscar dentro. Surge cuando buscamos en los acontecimientos externos, cuando buscamos muletas, apoyos externos, cuando no tenemos la solidez de la búsqueda interior. Si no aceptamos la soledad y no nos convertimos en nuestra propia compañía, vamos a experimentar ese vacío y vamos a intentar llenarlo con cosas y posesiones. Pero como no se puede llenar con cosas, cada vez el vacío aumenta.



- ¿Y qué podemos hacer para liberarnos de esa angustia?
La angustia no se puede pasar comiendo chocolate, o con más calorías, o buscando un príncipe azul afuera. La angustia se pasa cuando entras en tu interior, te aceptas como eres y te reconcilias contigo mismo. La angustia viene de que no somos lo que queremos ser, pero tampoco lo que somos, entonces estamos en el “debería ser”, y no somos ni lo uno ni lo otro.
- El estrés es otro de los males de nuestra época…
El estrés viene de la competitividad, de que quiero ser perfecto, quiero ser mejor, de que quiero dar una nota que no es la mía, de que quiero imitar.Y realmente sólo se puede competir cuando decides ser tu propia competencia, es decir, cuando quieres ser único, original, auténtico, no una fotocopia de nadie. El estrés destructivo perjudica el sistema inmunológico. Pero un buen estrés es una maravilla, porque te permite estar alerta y despierto en las crisis, y poder aprovecharlas como una oportunidad para emerger a un nuevo nivel de conciencia.
- ¿Qué nos recomendaría para sentirnos mejor con nosotros mismos?
La soledad. Estar con uno mismo/a cada día es maravilloso. Estar 20 minutos con uno mismo/a es el comienzo de la meditación; es tender un puente hacia la verdadera salud; es acceder al altar interior, al ser interior. Mi recomendación es que la gente ponga su despertador 20 minutos antes para no robarle tiempo a sus ocupaciones. Si dedicas, no el tiempo que te sobra, sino esos primeros minutos de la mañana, cuando estás fresco y descansado, a meditar, esa pausa te va a recargar, porque en la pausa habita el potencial del alma.
- ¿Qué es para usted la felicidad?
Es la esencia de la vida. Es el sentido mismo de la vida, encarnamos para ser felices, no para otra cosa. Pero la felicidad no es placer, es integridad. Cuando todos los sentidos se consagran al ser, podemos ser felices. Somos felices cuando creemos en nosotros, cuando confiamos en nosotros, cuando nos encomendamos transpersonalmente a un nivel que trasciende el pequeño yo o el pequeño ego. Somos felices cuando tenemos un sentido que va más allá de la vida cotidiana, cuando no aplazamos la vida, cuando no nos desplazamos a nosotros mismos, cuando estamos en paz y a salvo con la vida y con nuestra conciencia.
- Vivir el Presente ¿Es importante vivir en el presente? ¿Cómo lograrlo?
Dejamos ir el pasado y no hipotecamos la vida a las expectativas de futuro cuando nos volcamos en el ser y no en el tener. Yo me digo que la felicidad tiene que ver con la realización, y ésta con la capacidad de habitar la realidad. Y vivir en realidad es salir del mundo de la confusión.
- ¿Tan confundidos estamos, en su opinión?
Tenemos tres ilusiones enormes que nos confunden. Primero creemos que somos un cuerpo y no un alma, cuando el cuerpo es el instrumento de la vida y se acaba con la muerte. Segundo, creemos que el sentido de la vida es el placer; pero a más placer no hay más felicidad, sino más dependencia. Placer y felicidad no es lo mismo. Hay que consagrar el placer a la vida y no la vida al placer. La tercera ilusión es el poder; creemos tener el poder infinito de vivir.
- ¿Y qué necesitamos realmente para vivir?, ¿acaso el amor?
El amor, tan traído y tan llevado, y tan calumniado, es una fuerza renovadora. El amor es magnífico porque crea cohesión. En el amor todo está vivo, como un río que se renueva a sí mismo. En el amor siempre uno puede renovarse, porque todo lo ordena.En el amor no hay usurpación, no hay desplazamiento, no hay miedo, no hay resentimiento, porque cuando tú te ordenas porque vives el amor, cada cosa ocupa su lugar, y entonces se restaura la armonía. Ahora, desde la perspectiva humana, lo asimilamos con la debilidad, pero el amor no es débil.
- Si, pero nos debilita cuando entendemos que alguien a quien amamos no nos ama…
Hay una gran confusión en nuestra cultura. Creemos que sufrimos por amor, que nuestras catástrofes son por amor… pero no es por amor, es por enamoramiento, que es una variedad del apego. Eso que llamamos habitualmente amor es una droga. Igual que se depende de la cocaína, la marihuana o la morfina, también se depende del enamoramiento. Es una muleta para apoyarse, en vez de llevar a alguien en mi corazón para liberarlo y liberarme. El verdadero amor tiene una esencia fundamental que es la libertad, y siempre conduce a la libertad.


- Pero a veces nos sentimos atados a un amor…
Si el amor conduce a la dependencia es eros. Eros es un fósforo, y cuando lo enciendes se te consume rápidamente, en dos minutos ya te quemas el dedo. Hay muchos amores que son así, pura chispa. Aunque esa chispa puede servir para encender el leño del verdadero amor. Cuando el leño está encendido produce el fuego, Ese es el amor impersonal, que produce luz y calor.
- ¿Puede darnos algún consejo para alcanzar el amor verdadero?
Solamente la verdad. Confía en la verdad; no tienes que ser como la princesa de los sueños del otro, no tienes que ser ni más ni menos de lo que eres. Tienes un derecho sagrado, que es el derecho a equivocarte; tienes otro, que es el derecho a perdonar, porque el error es tu maestro. Ámate, sincérate y considérate. Si tú no te quieres, no vas a encontrar a nadie que te pueda querer. El amor produce amor. Si te amas, vas a encontrar el amor. Si no, vacío. Pero nunca busques una migaja; eso es indigno de ti.
- La clave entonces es amarse a sí mismo...
Y al prójimo como a ti mismo. Si no te amas a ti, no amas a Dios, ni a tu hijo, porque te estás apegando, estás condicionando al otro. Acéptate como eres; lo que no aceptamos no lo podemos transformar, y la vida es una corriente de transformación permanente.
Fuente: Entrevista al Doctor Jorge Carvajal, por Maria Campos, aparecida originalmente en Psicología Práctica, 118

miércoles, 30 de enero de 2019

Somos almas, no cáscaras


En algún momento de nuestra vida, quizás no todos, pero sí la mayoría, sufrimos una enfermedad. El concepto que tenemos sobre ella no es un pensamiento más. Es una creencia, la de estar poseídos por una fuerza que no nos pertenece y que nos ataca. Si bien esta creencia es universal, no todos la vivimos de la misma forma. En occidente, ha sido reforzada por la presencia de un sistema médico que ha obtenido un gran poder que lo ha legalizado colectivamente.

Podemos decir que la enfermedad es un invento. Como la luz eléctrica. La luz siempre existió pero lo que hizo el hombre fue poder manejarla y eso le dio poder. El malestar orgánico o emocional siempre existió pero lo que hizo la medicina fue clasificarlo y eso le dio poder. La creencia sobre la enfermedad no solo es la de una fuerza que nos ataca sino que a partir de esa clasificación, es la de una fuerza que un grupo de personas (los científicos-médicos) puede dominar. O por lo menos ostenta un saber sobre ella y puede ejercer influencia sobre su evolución.

Esta influencia ha crecido desproporcionadamente en relación al saber. Actualmente las llamadas enfermedades son desmesuradamente influenciadas por la acción médica sin que haya un saber que sustente lógicamente esa influencia. Se actúa sobre ellas sabiendo muy poco sobre el origen de la enfermedad y mucho menos sobre el sentido de la misma.





Pensemos en un simple resfriado. Se atribuye a un virus pero no se lo combate a él sino al resfriado. Se lo trata de abortar. Se usan antihistamínicos para que las secreciones disminuyan y muchas veces antibióticos porque se habla de alergias bacterianas o complicaciones infecciosas imposibles de comprobar. Esta metodología que influencia el curso de la enfermedad se basa en la misma teoría que sostiene que el sol gira alrededor de la tierra; la observación superficial de un fenómeno sin preguntar nada sobre las características del objeto sobre el cual el fenómeno actúa. Si la física dependiera de los médicos, hoy seguiríamos creyendo que a la mañana el sol está en el este porque a la tarde giró alrededor nuestro.

Pensemos en un tumor. Un pedazo de carne que sobra. Los métodos médicos que influencian su destino se basan en la misma teoría de observación superficial y de ausencia de preguntas sobre las características del sujeto enfermo.
El pedazo de carne está de más y hay que eliminarlo. Si no se puede con cirugía, se arrasa con drogas o radiaciones. Los físicos no manejan la medicina y los médicos terminan por creer que una resonancia magnética es una observación profunda. Se sigue observando el fenómeno y no la naturaleza ni el sentido del fenómeno.Es así que ahora hay dos creencias: el malestar es una fuerza que viene de afuera y se puede influenciar sobre esa fuerza con un saber que se llama científico.

Volvamos al resfriado. Pensemos que quizás no es un virus el que lo produce (la fuerza externa) sino que es una de las formas que tiene el organismo de descargarse de una tensión que lleva demasiado tiempo acumulada. No hay fuerza externa. Los virus ya estaban y uno no se contagia de nadie sino que son ellos los que comandan esta forma de descargarse. Esto no significa que no haya virus extraños al organismo y éste intente rechazarlos porque no los reconoce.

Los virus son cadenas de información y si traen una información extraña e irreconocible, el organismo se niega a aceptarla y se produce el rechazo de la misma. Pero esto no es lo que ocurre en un resfriado común. Allí hay problemas territoriales y las mucosas se inflaman para obstruir la nariz y no respirar el mismo aire que el enemigo. Los bronquios expulsan moco para escupir al invasor. Los músculos duelen para retirarse de la lucha. Y allí los virus son excelentes colaboradores para generar este estado inflamatorio que si bien es molesto, logra que el ser vivo se aísle y recupere su bienestar. La medicina en lugar de entender esto, ataca los síntomas para que el sujeto vuelva a la cadena de producción lo más pronto posible. Los médicos se comportan como aliados de un poder que exige productividad sin interesarse por la verdadera recuperación del cuerpo enfermo. El paradigma del agente externo como causa siempre presente de la enfermedad sirve a los mismos fines. Si hay un agente externo debe haber un poder que lo pueda combatir. Y ese poder es la científica medicina.

Quizás si esto hubiera quedado allí, tendríamos esperanzas de salir de esa trampa. Pero lamentablemente, la influencia de la acción médica sin un saber lógico que la sustente, generó tantos nuevos saberes vacíos, que estamos atrapados en una red que se retroalimenta de otras disciplinas y de otros saberes. La religión, la filosofía, la psicología, aportan nuevos saberes a esta interminable creencia de la enfermedad como fuerza externa y a la existencia de un grupo que tiene un saber sobre ella.

Escuchamos conceptos que parecen valiosos: 

-Debemos aceptar la enfermedad si vamos a luchar contra ella.
-La enfermedad es poderosa pero más poderosa es la salud-. 
-La salud es el silencio de los órganos 
-La enfermedad es un mal que debemos saber combatir
¿Quién podría negar el valor de esas frases?. Sin embargo, no sirven de nada. Son saberes que se basan en una creencia vacía. Y no porque no se pueda defender esa creencia. Sino porque ya no sirve más.




En este contexto, nos han quitado la libertad de elegir. En la historia de la humanidad, siempre hubo bandos, romanos y griegos, árabes y españoles, buenos y malos, perversos y normales, nazis y judíos. El ser humano podía optar, aún cuando esa opción fuera equivocada. Ahora es imposible elegir ya que se trata de nosotros o los virus, enemigos invisibles que destruyen a todos, sin excepción. Las organizaciones mundiales encargadas de la salud avisan que futuras pandemias son inevitables y elaboran mapas con colores cada vez más intensos y tenebrosos. La humanidad toda enfrenta al enemigo invisible y no hay opción. Por primera vez, en cientos de años, se está tomando conciencia que no es la tierra la que está en peligro sino esta especie que se ha creído excepcional y que ahora viene a enterarse que su desaparición es posible. La génesis de Adán y Eva ya no calma los temores de una especie que ha inventado el concepto de enfermedad y ahora el concepto en sí mismo la está arrasando. La fuerza externa que nos viene a destruir supera ampliamente el saber autorizado del grupo de personas que la combate. El concepto se escapó de las manos y tiene vida propia. La gente ya no se muere de la enfermedad sino del miedo que el concepto inventado le genera. El miedo no da tiempo a que la enfermedad actúe y nos mate ya que crea por sí mismo una realidad mortal. Así lo relata el cuento sufí:

-Un sabio sentado en la cumbre de una montaña, ve pasar una sombra y pregunta: ¿Quién eres?. La sombra le contesta -Soy la peste-. ¿Adonde te diriges? -A matar mil personas de ese poblado-. Bueno, ve y mata. A los pocos días, el sabio se encuentra con un hombre y le pregunta ¿De donde vienes? - Huyo de aquel poblado que ha sido atacado por la peste y ha matado treinta mil personas- Bueno, ve y huye. A las pocas horas, vuelve a pasar la sombra y el sabio lo detiene. Oye tú, me has engañado, dijiste que matarías mil personas y has matado treinta mil. ¿Porqué?. La peste le responde- No es cierto, yo solo maté mil personas, el resto-.murió de miedo.--
Como médico he presenciado muchas veces el fenómeno de una persona que en pleno estado de salud y por hallazgos casuales (pruebas de rutina o un médico demasiado inquisidor) ha sido diagnosticada de un tumor en hígado, pulmón o mama. A los pocos días de ese hallazgo, el estado de salud había empeorado dramáticamente. He visto a algunas personas morir en poco tiempo luego del diagnóstico. Eso es miedo, no es cáncer. Ese es el concepto que se le ha escapado de las manos al grupo de científicos que ostenta el supuesto saber de la enfermedad. Y ese concepto se ha desbordado y ha creado una realidad autónoma entre otras cosas, porque se ha colectivizado. Se ha vuelto un saber popular. ¿Quien no ha escuchado alguna de las siguientes frases?:

-El cáncer de páncreas, cuando te lo diagnostican ya es demasiado tarde 
-La quimioterapia te mata las células malas pero también las buenas -Yo sé que me voy a morir, lo que no quiero es sufrir 
-Nunca conocí a nadie que se salvara 
-La enfermedad avanza 
-Hay que hacer algo... y tantas otras. 

El saber colectivo sobre la enfermedad no se diferencia mucho del saber de los médicos, muchos de los cuales jamás se harían (y lo dicen públicamente) el tratamiento que le indican a los pacientes.Actualmente se escuchan muchas voces que cuestionan este concepto de la enfermedad pero la mayor parte de las veces son ignoradas, reprimidas o tergiversadas.






Es en este contexto que debemos dejar de pensar en nuevos instrumentos contra la enfermedad para comenzar a pensar en un nuevo concepto de la enfermedad. Se gastan miles de millones de dólares en investigar y producir drogas cada vez más nocivas para la salud de la humanidad y no cesan de aparecer variantes de la misma enfermedad que no responden a esas drogas o las llamadas nuevas enfermedades sobre las que ni siquiera se tiene alguna droga con la que experimentar.

La ciencia se nota perdida y actúa sin lógica. Solo intenta sacarse de encima un problema inmediato sin pensar en las implicancia futuras de su proceder. No interactúa con el resto de la sociedad que mira azorada la injusticia del poder del que participa. El gobierno que invierte doscientos mil millones de dólares anuales en productos farmacéuticos es el mismo que gasta tres millones de dólares por minuto en armas, mientras deja morir quince niños de hambre en esa misma cantidad de tiempo. La ciencia médica usa el mismo presupuesto manchado de sangre e injusticia. Y en esa confusión trata a los virus con la misma filosofía del gobierno que la sustenta: usa armas mortales.

Es justamente ese nuevo concepto de la enfermedad, el que nos va a permitir salir del atolladero en el que el viejo concepto nos ha metido. Si luchamos contra la enfermedad, luchamos contra el mensaje que pretende curarnos. Cuando una mujer se nota un bulto en la mama, debe parar toda actividad y preguntarse qué le viene a decir ese bulto. Y si no lo sabe, debe recurrir a alguien que la ayude a interpretar ese mensaje. No debe salir corriendo en busca de ese personaje que detenta un saber sobre la enfermedad porque eso la cristaliza en el viejo concepto. Y a partir de allí, solo puede esperar que se instale una guerra en su cuerpo. Y el bulto no vino a declarar la guerra sino a evitarla. Y no es que no debe hacer nada o curarse psicológicamente. Debe instalar la paz en su vida porque el bulto así se lo está exigiendo. Y eso no es poco pero es mucho más de lo que la medicina pretende con su viejo concepto de instalar una guerra entre el cuerpo de esa mujer y-.el cuerpo de esa mujer.

Los poseedores del saber sobre la enfermedad se escandalizarán ante semejante propuesta. -¡No hay tiempo que perder!; ¡Si no actuamos ahora, su vida corre peligro!- Y comenzarán a citar estadísticas no solo fraudulentas sino aterradoras. Algunos optarán por hablar de los adelantos de la ciencia y nos citarán con absoluta seriedad, los anticuerpos monoclonales, los hibridomas y la fusión entre los linfocitos B y los tumores. Suenan orgullosos de saber tanto. Y es un saber vacío porque es eficaz contra el único mensaje que pretende curarnos. Pero además es un saber corrupto, montado en la sangre de millones de seres humanos, que en lugar de salvar sus vidas, la pierden definitivamente.

No es una lucha entre los que saben y los que no sabemos. Es una lucha entre dos conceptos; el de una humanidad que se destruye a sí misma y el de una humanidad que pretende sobrevivir.
La mujer del bulto en la mama deberá elegir y optar por quimioterapia, radioterapia y cirugía y así seguir avivando el viejo concepto que nos está destruyendo o podrá hacer un verdadero cambio en su vida y dejar de sufrir por su hija que la ignora o por su esposo al que no ama. En ese cambio, habrá entendido el mensaje de ese bulto que viene a decirle: -¡No pongas más el pecho!; ¡Deja de ser madre y acepta ser mujer!; ¡Libérate de ese hombre al que no amas!-

-¿Pero quien me da las garantías de que el bulto no crecerá o que sus células se irán a mi cerebro o a mis huesos?-, dirá la mujer envuelta en las informaciones científicas pero a la vez en la realidad de conocer a tanta gente que sigue ese camino. -Nadie-se le responde-absolutamente nadie-. Desde el viejo concepto (la enfermedad como fuerza que nos destruye), se le citarán estadísticas sobre lo que le podría pasar si no hace lo que el grupo que sabe le dice que haga. Desde el nuevo concepto (la enfermedad como mensaje para sobrevivir), se le pedirá confianza en que si hace los cambios que debe hacer, se curará. No parece ser muy interesante la opción.

Es así que la mayor parte de la gente opta por intentar hacer las dos cosas o parte de ellas o casi ninguna de ellas. O lo que sucede con frecuencia, opta por el viejo concepto y cuando ya no obtiene respuesta de él, se vuelca al nuevo concepto. ¡Cuánto miedo!


Filosóficamente, cualquiera de estas opciones viola uno de los principios en los que se funda la realidad, el de la no contradicción: -Una cosa no puede ser y no ser a la vez-. Llamativamente, buena parte de los médicos del viejo concepto están apoyando estas opciones como si con ello colaboraran con la salud del paciente.
Sin embargo, esa es la realidad. El psicoterapeuta Mario Litmanovich dice claramente -¡Necesitamos médicos sin miedo!; esa es la única manera de salir del atolladero-. Creo también que necesitamos pacientes sin miedo.


Es desde este lugar que proponemos el milagro de la curación. Milagro viene del latín y su origen es asombrarse. Curación proviene de cuidado. De eso se trata. El asombro de cuidarnos. De protegernos, de no quedarnos solos y sentir miedo. Allí aparece el asombro. Todos estamos entrelazados y somos la humanidad. No somos el paciente enfermo. Somos la humanidad enferma. Y entonces aparece el cuidado. La necesidad de tratarnos como almas, no como cáscaras.

El médico alemán Hamer repetía en sus seminarios una presentación que siempre culminaba con un frase: -Necesitamos médicos de manos calientes que hagan de la medicina un acto sagrado-.Allí estaba el centro de su propuesta. Sagrado siempre es citado como originado en sacrificar pero el sacre es un ave de rapiña. Y así se llamaba al halcón en épocas antiguas. Un ave sagrada cuyas uñas retorcidas le permiten sobrevivir hasta que madura y se vuelven inútiles. Allí debe tomar la decisión de arrancárselas con el pico si pretende sobrevivir. Si lo hace, vive una nueva vida, una nueva oportunidad de ser joven y sagrado.

El milagro de curarnos es eso. Volver a nacer fuera de nuestros roles y percibirnos como almas que se relacionan con almas. Dejar de ser hijos, esposos, madres, padres, médicos, abogados, exitosos, fracasados o perversos. Y renacer como almas con cuerpos que son usados, no descuidados.
Para ello, estamos aquí. No para descubrir vacunas sino para tomar conciencia de lo que somos y hacia donde vamos. 

Psicoanalista y  antropólogo Dr. Fernando Callejón



sábado, 26 de enero de 2019

Si deseas un buen futuro acepta y agradece tu presente


En esta ocasión os queremos mostrar algunas de las mejores frases y pensamientos del gran escritor y autor del libro "El Poder del Ahora",  Eckhart Tolle. En estas reflexiones, estamos seguros, encontraréis la inspiración para vivir el presente. Léelas y guárdalas para cuando las necesites. 

1. “Algunos cambios parecen negativos a primera vista pero crean el espacio para que algo nuevo llegue”


¿Temes al cambio o eres de las personas que lo abrazan? Eckhart Tolle nos recuerda que todo en este mundo cambia aunque muchas veces no lo aceptamos o no lo vemos. Tus ideas, tus relaciones, tus amigos y tú mismo/a.

Hay personas que se aferran tanto a lo que ya conocen que ni siquiera ven las alternativas que el cambio les ofrece. Es cierto que algunos cambios generan dolor. Pero esta pena que sientes al dejar algo sólo significa que te llenó emocionalmente.
Por eso, si ahora te enfrentas a alguna situación que te obliga a cambiar y soltar cosas viejas, no la veas como algo negativo. Al contrario, vívela y disfrútala. Toda esa nueva energía y nuevas perspectivas te dan una oportunidad. Tómala y saca todo lo bueno que te ofrezca.




2. “Recuerda que el presente es todo lo que tienes. Haz del ahora el centro de tu vida”

Pasamos generalmente tanto tiempo preocupados por el futuro que se nos olvida lo que tenemos. ¿Cuántas horas has pasado hoy pensando en el futuro?
Podemos pasar tres horas planeando cómo será nuestra vida en la vejez o las siguientes vacaciones. Eckhart Tolle considera que no es necesario que dejemos de pensar en el futuro. Pero si nos invita a vivir realmente el hoy.
Después de todo, nuestra vida actual es el futuro que tanto planeamos un día. Así, que lo mejor que podríamos hacer es verlo y vivirlo. Pasa tiempo con tus hijos, dale una tarde a tu pareja, visita a tus padres o toma un descanso para hacer tu actividad preferida. Si no aprovechas el presente, no tendrás mucho que contarle a tus hijos o nietos.

3. “Acepta todo. Cualquier cosa que el presente te ofrezca, acéptalo como si lo hubieses elegido. Trabaja con lo que tengas en el momento, no en su contra”

aceptar presente ahora

Quejarnos es uno de los hábitos más comunes hoy en día. Nunca tenemos suficiente con nada. Si no vivimos en el lugar que deseamos, nos enfocamos en ser infelices por ello. Si tenemos un empleo pero el sueldo no nos gusta, nos quejamos también por ello.
Pero, ¿en serio no puedes hacer nada con lo que tienes?, ¿de verdad no hay nada bueno con tu presente? Eckhart Tolle nos recuerda que tenemos dos opciones: aceptar y valorar el presente o vivir en su contra.
Tú tienes la capacidad de elegir. Tan sólo recuerda que aprender a apreciar y sacar provecho de lo que tenemos también es posible. En lugar de ir acumulando una lista de carencias que creemos tener, tratemos de agradecer las ventajas que hay en nuestra vida.
Esta es una forma de ver la vida mucho más agradable y llevadera. En todo caso, si no te gusta lo que tienes trabaja con ello para obtener lo que buscas.



¿No te gusta tu trabajo? Bueno, agradece que tienes como pagar las cuentas hoy. En lugar de quejarte puedes planear iniciar un negocio desde casa como el que siempre has querido. Verás que de pronto tu trabajo se hace más llevadero y tus metas más cercanas.

4."La principal causa de infelicidad nunca es la situación, sino tus ideas sobre ella".

namaste


Pensar que nada hay de bueno en tu presente sólo sirve para hacerte infeliz. Eckhart Tolle es un firme creyente de que cada uno se crea sus propias tragedias y alegrías. Podrías tener la vida perfecta pero no será suficiente si crees que te falta algo.
Puedes pensar que te falta de todo cuando lo único que no tienes es la capacidad de ver lo bueno. Cada situación y cada momento tiene algo que vale la pena. Si te cuesta creerlo prueba con el agradecimiento. Cada día busca una cosa nueva que le puedas agradecer a la vida. En poco tiempo tendrás un presente más feliz.

miércoles, 23 de enero de 2019

La Sonrisa de Buda

Cuenta la historia que después de haber alcanzado la iluminación, Buda se cruzaba con los hombres y éstos quedaban fascinados por la luz y la paz que de él emanaba. Se detenían ante él y le preguntaban:



- ¿ Quién eres? ¿Eres un Ser celestial o un Dios?
- No, respondía el Buda.
- ¿Acaso eres un mago?, insistían de nuevo.
- No, respondía de nuevo.
- ¿Eres un ser humano?
- No, contestaba nuevamente.
- Entonces, ¿quién eres?
- Yo soy el Despierto.
El término Buda, significa "Despierto", y esa paz y esa luz emanaban principalmente de su media sonrisa y de su mirada serena y amable, que eran las ventanas que asomaban hacia el exterior de su estado de iluminación, con una felicidad interior verdadera y plena.
¿Os habeís fijado en la permanente media sonrisa de los venerables maestros budistas?
Esa media sonrisa se diferencia de la sonrisa que cualquiera de nosotros podemos esgrimir en cualquier momento, en que mientras nuestra sonrisa aparece y desaparece en el tiempo y es función de algún elemento externo que la provoca como por ejemplo, la presencia de un niño; la media sonrisa de un buda tiene una continuidad en la persona ya que se ha convertido en parte de su personalidad y no es producto de algo externo, sino que nace del interior como resultado de una serenidad, alegría y felicidad interna, como ocurría con Buda según el relato anterior. Buda sonríe porque ha alcanzado la iluminación; porque se ha liberado de todos los condicionamientos, pensamientos inútiles, y emociones destructiva.



Ójala esa media sonrisa nos acompañe lo máximo posible y logremos hacerla parte de nosotros mismos, que es lo que intentan los maestros y profesores de meditación y yoga cuando nos alientan a los alumnos a que se mantenga sobre todo en la práctica de la meditación y también, en la medida que se pueda, en nuestra vida diaria… Namasté 
"Si alguna vez no te dan la sonrisa esperada, sé generoso y da la tuya. Porque nadie tiene tanta necesidad de una sonrisa, como aquel que no sabe sonreír a los demás". (Dalai Lama)