viernes, 31 de enero de 2020

El rencor no me sentaba bien así que, me vestí de indiferencia





Desde niños la sociedad nos inculca la importancia de aprender a perdonar. La religión da un enfoque más altruista pero desde la psicología, se le ha dado otro significado al perdón: “se debe por puro egoísmo”. Es decir, debemos olvidar para facilitar nuestra propia felicidad. 

No quiere decir que haya que olvidar. No existe ninguna cirugía milagrosa que extraiga de nuestro cerebro recuerdos dolorosos como los que han sufrido las víctimas de malos tratos, o aquellos que sufrieron una estafa, abuso o humillación. 


Es muy complicado cargar con ese dolor sobre nosotros a lo largo de la vida, pero al final se puede superar. El milagro del perdón permite que el dolor y su capacidad corrosiva se vayan diluyendo en nuestro corazón y conciencia.

Dice Anthony de Mello en uno de sus maravillosos libros (“Un minuto para el absurdo”) :

“La gente no está dispuesta a renunciar a sus celos y preocupaciones, a sus resentimientos y culpabilidades porque estas emociones negativas, con sus punzadas, les dan la sensación de estar vivos”, dijo el Maestro. Y puso este ejemplo: “Un cartero se metió con su bicicleta por un prado, a fin de atajar. A mitad de camino, un toro se fijó en él y se puso a perseguirlo. Finalmente, y después de pasar muchos apuros, el hombre consiguió ponerse a salvo. ‘Casi te agarra, ¿eh?’, le dijo alguien que había observado lo ocurrido. ‘Sí’, respondió el cartero, ‘como todos los días”.

No significa tener que entender al otro. Es más fácil superar el resentimiento si se conocen los motivos que han llevado a la otra persona a hacer daño, pero no siempre existe una explicación lógica. Y sin embargo es fácil caer en el error de buscar argumentos racionales que fundamenten el daño que sufrimos. Pero si se sigue este camino, se acaba en un bucle sinfín de difícil salida.

La gran Lousie Hay, siempre habló sobre lo bueno de olvidarse de las expectativas sobre cómo deben actuar los demás para que ese laberinto del rencor se desplome por sí solo. Este ovillo se llega a enrredar aún más cuando alguien se hace preguntas del estilo “¿Por qué a mí?”. Lo conveniente es intentar no dar respuesta a esta cuestión porque lo único que genera es más frustración.


No hay que reconciliarse forzosamente con la persona que daña. El perdón tiene más finales de los que nos enseñaron. Ni se trata obligatoriamente de poner la otra mejilla. Lo importante es sentirse bien con uno mismo/a y quizá sea imposible volver a confiar en esa persona. Por ello, se puede llegar a perdonar a alguien y luego decidir si se quiere o no apartar a ese persona de nuestra vida.


Entonces, ¿qué significa perdonar? Se trata ni más ni menos de pasar página y olvidarse de la venganza. Hay estudios que refuerzan como el perdón es la clave para superar abusos sexuales sufridos por mujeres durante su infancia. 

Saber olvidar es, por tanto, poner la felicidad en nuestras manos y no en manos del otro. Según algunas investigaciones, perdonar garantiza más años de vida, menos depresión y riesgo de infarto, una presión arterial más baja e Incluso un sistema inmunitario fortalecido. 

En definitiva, el perdón trae consigo bienestar y salud.

Pero solo se puede perdonar si se crece interiormente. Everett Worthington es, además de ingeniero nuclear, catedrático de Psicología de la Universidad de Virginia (Estados Unidos) y está especializado en el tema del perdón. Worthington confesó en una entrevista que alguna vez él también se había sentido incapaz de olvidar. Un ladrón entró en casa de su madre y la golpeó brutalmente hasta matarla. Su primer pensamiento fue acabar con el agresor con su bate de béisbol. Por aquella época, Worthington acababa de publicar uno de sus libros sobre la capacidad de perdonar. 

Parecía que la vida le estaba gastando una broma de mal gusto para probar si en realidad sabría aplicarse el cuento. Al final superó la prueba. Se puso en el lugar del ladrón y pensó en el pánico que habría sentido al entrar a una casa que creía vacía y encontrarse a una señora. 

Entonces se dio cuenta de que él mismo no era mejor que el ladrón porque en realidad el asaltante reaccionó al pánico y, en cambio, él se había planteado que quería asesinarlo. Podéis leer aquí una entrevista al Everett Worthington

No es fácil controlar las emociones y sentirse humillado es bastante normal. Pero una vez superado este primer sentimiento debe hacer acto de presencia la voluntad. A partir de aquí el tiempo puede jugar a favor o en contra. Si el resentimiento se enquista, se volverá crónico; si se deja pasar, será más fácil seguir adelante. 

Para liberar el resentimiento, los expertos también sugieren pensar en el futuro. Sin embargo, cuando se está sumido en la amargura y se mira al exterior, la luz puede cegar tanto que es imposible ver nada y fácil cuestionarse qué sentido tiene pensar en nuevos propósitos. 

Pero la vida sigue, poco a poco irán apareciendo nuevas siluetas que nos devuelvan la ilusión y podamos dar carpetazo a los sentimientos más dolorosos. Entonces saldremos sintiéndonos diferentes, habremos madurado y lo que encontraremos fuera será mucho mejor de lo que recordamos.

sábado, 18 de enero de 2020

¿Eres Noctámbulo o Diurno? Esto depende de tu hora de nacimiento


Te vas a la cama temprano? ¿Te levantas tarde en la mañana? ¿A qué hora del día te sientes cansado o con poca energía? Nuestro reloj interno, nuestro biorritmo, depende de la hora de nacimiento.


¿ERES BÚHO O ALONDRA?


  • BÚHO O NOCTÁMBULO

Los nacidos durante el día generalmente se levantan tarde y por la mañana tienen un ritmo más lento. Le encanta prepararse y desayunar con calma. en cambio por la tarde es muy activo, trabaja o estudia hasta la noche. Entonces, todavía tiene mucha energía para hacer ejercicio y salir con amigos. A la medianoche todavía está en forma: navega por Internet, escucha música, lee, disfruta de una película, etc. Quiero decir, ve a la cama tarde.

  • ALONDRA O MAÑANERO


Quien nace de noche suele estar muy activo durante la mañana: se levanta temprano, hace deporte, revisa el correo, etc. Antes de irse a trabajar, ella desayuna y termina de organizar la agenda. Es muy productivo hasta media tarde, después del trabajo o estudio, prefiere actividades relajantes, como caminar o hacer yoga. La noche habitual está muy cansada: mira un poco la televisión o lee un libro. Va a la cama temprano.





Otras diferencias entre madrugadores y noctámbulos

En realidad, tanto los madrugadores como los noctámbulos tienen sus fortalezas y debilidades. No son uno mejor que el otro, sino simplemente diferentes. Veamos las principales diferencias juntos.

1. Las alondras son perfeccionistas, los búhos son ambiciosos

Según un estudio realizado por la Universidad de Barcelona, los madrugadores tienden a ser más persistentes y menos propensos a experimentar "cansancio, frustración y dificultad". Los noctámbulos, por el contrario, tienen más probabilidades de disfrutar de "extravagancia, impulsividad y búsqueda de novedades". Mientras que las alondras buscan un estilo de vida estable, los noctámbulos buscan la aventura.

2. Las alondras se despiertan con una sonrisa, los búhos fruncen el ceño

Los noctámbulos tienen más probabilidades de presionar el botón de repetición varias veces antes de levantarse por la mañana. Y cuando tienen que levantarse al final, a menudo lo hacen de mala gana. Los mañaneros dan la bienvenida al sol con una sonrisa, para ellos las mañanas son deliciosas con o sin café. Por el contrario, los noctámbulos son más positivos y eufóricos después de las 6 de la tarde.

3. Los madrugadores son proactivos, los noctámbulos son más inteligentes

El éxito no está necesariamente conectado a la inteligencia. En un estudio con 420 participantes, algunos investigadores proporcionaron inteligencia matemática y pruebas de comprensión de texto para evaluar la efectividad de la memoria de trabajo y la velocidad de procesamiento. Los resultados mostraron que los noctámbulos se desempeñan mejor. Obviamente, esto no los hace más propensos al éxito. Como se entiende fácilmente, los madrugadores tienen la gran ventaja de estar operativos durante el día, durante el cual se realizan la mayoría de las actividades humanas, incluido el comercio.

4. Los madrugadores aman el té, los noctámbulos aman el alcohol

Es probable que las alondras consuman más té que los noctámbulos. ¿Pero el café? Aquí está la parte interesante. Según otro estudio con 537 participantes, los noctámbulos tienen más probabilidades de consumir cafeína (café y refresco de cola), alcohol y nicotina. La última cifra aparentemente está relacionada con el hecho de que los noctámbulos tienen más probabilidades de encontrarse en situaciones en las que el consumo de alcohol y tabaco es común.

5. Las alondras son creativas por la tarde, noctámbulos durante el día

No, no hay error tipográfico! Según un estudio, los noctámbulos y los madrugadores son más creativos durante sus "horas libres". En un estudio realizado por Mareike Wieth y Rose Zacks en 2011, los participantes (noctámbulos y madrugadores) tuvieron que resolver problemas analíticos y de intuición. Si bien los problemas analíticos se resolvieron con éxito durante la parte favorita del día, los problemas de intuición que requerían un pensamiento creativo se resolvieron mejor durante las horas en que es menos productivo en promedio.




6. Los madrugadores son en promedio mayores, los noctámbulos son más jóvenes

Obviamente, esto no significa que ser un ave nocturna te mantenga joven, sino que nuestro ciclo de sueño depende de la edad. Es más probable que las personas mayores sean madrugadores, mientras que los jóvenes tienden a disfrutar de su cama por la mañana. Se trata de ritmos de sueño / vigilia y reloj circadiano.

7. Las alondras prefieren el desayuno y los búhos la cena.

Nuestras horas favoritas influyen no solo en el estado de ánimo, la elección de los estimulantes y la forma en que tendemos a trabajar, sino también en nuestras elecciones en términos de alimentos. Mientras los madrugadores se levantan temprano para disfrutar tranquilamente del desayuno y el periódico, los noctámbulos tienden a saltarse el desayuno y usan los últimos minutos antes del trabajo para vestirse y correr a la oficina. Otro estudio reveló que los búhos son más propensos a comer con menos frecuencia pero en grandes cantidades, especialmente en las horas de la tarde. Característica que hace que estas personas sean más propensas a la obesidad, altos niveles de estrés e incluso apneas del sueño.

¿Y tú qué eres: búhos o alondras? Cuéntanoslo!!!

jueves, 16 de enero de 2020

Prácticas diarias para cultivar la espiritualidad y el bienestar



En medio del ruido, la prisa y las tensiones del mundo actual, la espiritualidad emerge como un faro que ilumina nuestro camino. No es un lujo ni una creencia reservada para unos pocos; es un aspecto esencial de nuestra naturaleza humana. Es ese impulso interior que nos recuerda que somos parte de algo más grande, un hilo invisible que nos conecta con la vida, con los demás y con nosotros mismos.

La verdadera espiritualidad no se limita a conceptos o rituales. Es una experiencia íntima, una certeza que se siente en el corazón y en las entrañas: la de pertenecer a un todo mayor, inmenso y misterioso. Practicarla transforma nuestra manera de ver el mundo; nos da creatividad, claridad para decidir, serenidad para manejar el estrés, capacidad de nutrir relaciones más sanas y, sobre todo, fortalece nuestra salud física, mental y emocional.

Si quieres hacer de la espiritualidad una compañera diaria, aquí tienes diez caminos que pueden ayudarte a cultivarla:


1. Respira para volver a ti.

A lo largo del día, detente y practica la respiración consciente. Inhala profundamente, expulsa la tensión y siente cómo tu cuerpo se suaviza y tu mente se centra. Suspira para intensificar tus emociones, o haz cinco respiraciones rápidas cuando necesites energía. El yoga puede ser un gran maestro en este arte.

2. Regálate un minuto de meditación.

En cualquier momento, siéntate erguido pero relajado, y observa tu respiración sin querer controlarla. Permanece atento al simple hecho de existir, testigo de tus sensaciones, pensamientos y sonidos a tu alrededor. Solo observa, sin intervenir.

3. En la duda, ora.

No importa si no crees en un Dios concreto. Basta con abrirte a un poder superior —dentro o fuera de ti— que represente tu sabiduría más profunda y te guíe hacia tu verdad.

4. Busca la soledad de la naturaleza.

Camina, contempla, respira… Permanece presente y siente que eres una parte viva del gran tejido de la existencia.

5. Expresa gratitud con el corazón.

Escribe una carta a alguien que ames, enumerando lo que más valoras de esa persona. Luego, entrégasela y léela en voz alta.

6. Ayuda con tus manos y tu tiempo.

Acompaña a un niño con discapacidad, prepara comidas para enfermos o ancianos, enseña a leer a un adulto o simplemente escucha a quien necesita consuelo.

7. Da tu energía al bien común.

Haz voluntariado. Solo, con tu pareja o un amigo, involúcrate en proyectos que reflejen tus ideales.

8. Comparte tu visión espiritual.

Habla con alguien de confianza sobre el sentido de tu vida, tu concepto de un poder superior o lo que piensas de la muerte.

9. Imagina tu vida más allá de la vida.

Construye una visión personal de lo que podría haber después de la muerte, una en la que puedas creer y que te dé fuerza.

10. Celebra lo sencillo.

Dedica un momento cada día a disfrutar de aquello que alimenta tu alma: un corazón que ama, una mente serena y un cuerpo lleno de vitalidad.

La espiritualidad es un acto de regreso: volver al centro, a lo esencial, a lo verdadero. Practicarla es aprender a vivir con mayor profundidad, a descubrir belleza incluso en lo pequeño y a sostenerse en la calma incluso en medio de la tormenta.

@luzplena

viernes, 10 de enero de 2020

12 reglas para la vida en pareja




El conocido escritor británico Richard Templar, autor de varios bestsellers sobre autoayuda y desarrollo personal, nos propone estas 12 reglas para la vida en pareja en su libro “Las reglas de la vida” el cual, recomendamos. Aunque obvias y sencillas, quizás sea necesario volver la mirada a lo más esencial en un mundo cada vez más efímero, pleno de información y velocidad .

Cuando buscamos nuestro equilibrio en cosas que están fuera de nuestro alcance, en objetivos alejados de nuestra situación real, malgastamos las oportunidades reales de tener una vida en pareja sana. Cuando nos asimos a lo que tenemos dentro de nosotros, y buscamos las respuestas allí, es posible que encontremos más recursos de los que imaginamos.







Veamos cada una de esas 12 reglas:

1. Acepta las diferencias, aprovecha lo que tienes en común

Una pareja es un equipo formado por dos personas. Lo común suma, pero lo diferente también. En todos los equipos cada miembro aporta y enriquece el conjunto. ¿Por qué la pareja iba a ser diferente? En tu pareja cada uno aporta una visión personal, y ambos aprendéis además las cualidades del otro y las ponéis en marcha en los momentos en los que cada uno puede aportar más.

2. Concede a tu compañero o compañera espacio para que sean ellos mismos

A menudo nos enamoramos de las personas porque son independientes, enérgicas y desenvueltas. Una vez que están con nosotros tendemos a cortarles las alas. Necesitamos dar ese espacio en el que el otro se sienta libre de ser y hacer como lo haría sin nosotros. Es más saludable y dará más fuerza a nuestros sentimientos.

3. Sé amable

Da igual el tiempo que llevas con alguien, regresa a este punto siempre, porque es esencial. No pierdas nunca las maneras. Di gracias, por favor, como lo decías al principio. Interésate por tu pareja, sus proyectos y tómate siempre tiempo para centrarte en sus necesidades y deseos. Para escuchar.

4. ¿Que quieres hacer qué?

Estate preparado para que él o ella sea independiente, fuerte, que esté en el mundo cuando se separe de ti. Que desarrolle todo su potencial y viva sus sueños.

5. Podemos decir lo siento y conservar nuestra dignidad y respeto

Lo siento, como antesala al conflicto. Aprende a encontrar tu parte de culpa en un problema para tratar de llegar a la conversación que enriquece vuestra relación.

6. Busca cosas que complacen a tu pareja y ofréceselas

Pueden ser cosas sencillas o algo increíble que no se espere. Es una manera fantástica de llevar tu relación a ese punto loco y personal donde la aventura está presente.

7. Reconoce cuándo tienes que escuchar y cuándo tienes que hablar

Saber cuándo hablar y cuándo escuchar es una habilidad extraordinariamente útil para desarrollar. Saber cuándo ofrecer un té, amabilidad, una caja de herramientas, coger las manos… no importa qué. Estarás en el sendero…

8. Siente pasión por tu vida en común

Todas las relaciones pasan por puntos álgidos y depresiones. No se trata de una impostura o de forzar nada, simplemente sé consciente de que dedicas parte de tu vida a la felicidad de otra persona y eso requiere fortaleza, pasión, rumbo, entusiasmo y compromiso.

9. No dejes de comunicarte con tu pareja

Hay que hablar. Cuando se plantea un problema es hablar lo que nos va a sacar del mismo. Cuando estamos bien, es lo que va a dar a nuestra relación las bases de la confianza. Cuando dejas de hacerlo, es que quizá algo anda mal. Hablar ayuda a resolver problemas, el silencio en general solo los amplifica. Hablar te permite darte cuenta del gran aliado que puede ser tu pareja en tu vida.

10. Trata a tu pareja mejor que a tu mejor amigo

Tu pareja es, al mismo tiempo, amante, amigo e idealmente el mejor amigo. No interfieras en sus asuntos, respeta su espacio y privacidad, porque es un adulto independiente.

11. Comprueba que compartís las mismas metas

Es bueno comprobar que ambos estáis en el mismo camino y compartís un mismo mapa. Hay que diferenciar entre metas y sueños. Las metas son aspiraciones compartidas que necesitáis los dos. Es fundamental tener ese mapa común por el que caminar con una dirección.

12. Respeta la privacidad

Si tienes la necesidad de inmiscuirte en la privacidad de otra persona, tienes que contemplarte detenidamente a ti mismo y descubrir el porqué. La verdad puede ser difícil de aceptar, pero tienes que saberla.


sábado, 21 de diciembre de 2019

No hay edad para dejar de estudiar ni para dejar de sentir curiosidad

Maravillosa entrevista a Ramiro Giménez Cara, de 96 años y alumno senior de la UNED de Tudela (Navarra)

Habla cinco idiomas: castellano, italiano, inglés, francés y catalán. Actualmente, asiste a clases de alemán. Es estudiante habitual de los cursos de Extensión Universitaria de la UNED de Tudela donde, desde el 21 de noviembre 2008, ha realizado un total de 36 actividades. Dedica parte de su tiempo al voluntariado en Cruz Roja como profesor de castellano. Tiene tres hijas, un hijo, tres nietos, cinco nietas y dos bisnietas. Estudió Literatura italiana y Derecho en Madrid. Él es Ramiro Giménez Cara, el próximo 17 de diciembre cumple 96 años y mantiene intactas su pasión por el saber y el conocimiento y su curiosidad por la vida.







Ramiro nació en Murcia en 1923 y se trasladó a Tudela en el año 1965. De padre barcelonés, madre murciana y abuelos cordobeses, afirma que sus primeros recuerdos se sitúan en Milán, donde vivió desde los tres a los diez años, edad en la que se traslada a Barcelona. Ramiro y su familia residieron en la Ciudad Condal algo menos de un año, hasta que a su padre le surgió la posibilidad de trabajar en una editorial en París. Allí vivieron durante ocho años, periodo tras el cual, Ramiro se trasladó a Madrid para estudiar Derecho en el Casón de San Bernardo. Después estudió Literatura italiana en Perugia (Italia).

Su vida profesional ha estado ligada a una empresa de fabricación de aparatos electrónicos y consumo y, también, a las traducciones. Desde que se jubiló, hace 20 años, aprovecha su tiempo cultivando su conocimiento, ayudando a los demás y realizando actividad física.

En la actualidad, dedica el tiempo a estudiar cursos en la UNED de Tudela, a recibir clases de alemán, al voluntariado como profesor de castellano en la Cruz Roja y a disfrutar de la naturaleza y de las calles mientras pasea.

- ¿Cuál es el secreto para mantener despierta la curiosidad por el conocimiento?

Diría que existen tres claves: ejercitar la memoria con actividades como los cursos e idiomas, la actividad física y el deseo de mantener viva la memoria, de aprender y de escribir. Hay muchas personas que a cierta edad desconectan. Mi opinión es que no hay edad para dejar de sentir curiosidad, para dejar de estudiar. No comprendo el hecho de que las personas no sientan la misma curiosidad que yo.


- ¿Siempre ha sentido inquietud y pasión por el conocimiento?



Cuando tan solo era un niño, me regalaban libros, no juguetes, porque se dieron cuenta que disfrutaba mucho leyéndolos. En este sentido me gustaría recalcar que, a la hora de estudiar, es muy importante valorar si te interesa o no lo que estás estudiando ya que si te interesa, acabarás encontrando el camino.

- Además de todo esto, es  usted voluntario en Cruz Roja. Cuéntenos...

Sí, enseño Castellano a inmigrantes africanos, subsaharianos y magrebíes. Para mí supone un acto heroico venir hasta aquí sin saber lo que les espera, son unos héroes. Además, tienen un grandísimo interés por aprender.

- ¿Qué regalo le pediría a la vida?

No pediría ninguno, me siento muy premiado, tanto por el hecho poder dedicar tiempo a estas personas como por mi salud. No tengo derecho a ser enormemente feliz cuando existen personas que pasan hambre, que no pueden proteger a sus familias o que no tienen derecho a la educación o a la salud, entre otras muchas cosas.

"No hay edad para dejar de estudiar, no hay edad para dejar de sentir curiosidad"


Fuente:UNED España

martes, 19 de noviembre de 2019

Lo que importa es la edad que siento

Hijo de campesinos, José Saramago nació en Portugal, en el pueblo de Azinhaga, el 16 de noviembre de 1922. Su origen tendría una gran influencia en su pensamiento y sus ideas a lo largo de toda su vida. Murió el 18 de junio de 2010, hace ahora nueve años. Nos dejó una gran cantidad de libros; al rededor de 20 novelas, varios diarios, memorias, muchos ensayos, obras de teatro, crónicas, relatos, poesía…) y de palabras inmensas que reflejan su pensamiento.

Recordamos hoy uno de sus poemas más bellos sobre la vejez:






Frecuentemente me preguntan que cuántos años tengo… ¡Qué importa eso!. Tengo la edad que quiero y siento. La edad en que puedo gritar sin miedo lo que pienso. Hacer lo que deseo, sin miedo al fracaso, o lo desconocido. Tengo la experiencia de los años vividos y la fuerza de la convicción de mis deseos. ¡Qué importa cuántos años tengo!. No quiero pensar en ello. 

Unos dicen que ya soy viejo y otros que estoy en el apogeo. Pero no es la edad que tengo, ni lo que la gente dice, sino lo que mi corazón siente y mi cerebro dicte. Tengo los años necesarios para gritar lo que pienso, para hacer lo que quiero, para reconocer yerros viejos, rectificar caminos y atesorar éxitos. 

Ahora no tienen por qué decir: Eres muy joven, no lo lograrás. Tengo la edad en que las cosas se miran con más calma, pero con el interés de seguir creciendo. Tengo los años en que los sueños se empiezan a acariciar con los dedos, y las ilusiones se convierten en esperanza. Tengo los años en que el amor, a veces es una loca llamarada, ansiosa de consumirse en el fuego de una pasión deseada. Y otras en un remanso de paz, como el atardecer en la playa. ¿Qué cuántos años tengo? No necesito con un número marcar, pues mis anhelos alcanzados, mis triunfos obtenidos, las lágrimas que por el camino derramé al ver mis ilusiones rotas… valen mucho más que eso. 

¡Qué importa si cumplo veinte, cuarenta, o sesenta!. Lo que importa es la edad que siento. Tengo los años que necesito para vivir libre y sin miedos. Para seguir sin temor por el sendero, pues llevo conmigo la experiencia adquirida y la fuerza de mis anhelos. ¿Qué cuantos años tengo? ¡Eso a quién le importa!. Tengo los años necesarios para perder el miedo y hacer lo que quiero y siento.

José Saramago 


lunes, 18 de noviembre de 2019

Eckhart Tolle: Cómo evitar la negatividad

¿Podría una emoción negativa contener también un mensaje importante? Por ejemplo, si a menudo nos sentimos deprimidos, puede ser una señal de que algo anda mal en nuestra vida y puede forzarnos a observar nuestra situación vital para hacer algunos cambios positivos. Por tanto, necesitamos escuchar lo que la emoción nos está diciendo y no rechazarla simplemente como negativa.

Las emociones negativas recurrentes a menudo contienen un mensaje, igual que los síntomas y enfermedades. Pero cualquier cambio que hagamos, ya tenga que ver con nuestro trabajo, con nuestras relaciones o circunstancias que nos rodea, será sólo un parche a menos que surja un verdadero cambio en nuestro nivel de conciencia. Y para ello, sólo hay una cosa fundamental: volverse más presente. Cuando alcanzamos cierto nivel de presencia, no necesitamos la negatividad para decirle lo que es necesario en nuestra vida. Pero mientras la negatividad esté ahí, ÚSALA. Úsela como una especie de brújula que te guíe y recuerde como estar más presente.






  • ¿Cómo podemos evitar que nazca en nosotros la negatividad y cómo nos podemos librar de ella cuando aparece?


Como decíamos anteriormente, evita que surja estando completamente presente. Siempre que te des cuenta de que ha surgido alguna forma de negatividad en ti, mírala no como un fracaso sino como una señal útil que te dice: “Despierta. Sal de la mente. Vive el presente”.
Eckhart Tolle siempre hace referencia a una novela de Aldous Huxley titulada La Isla, donde cuenta la historia de un náufrago en una isla remota separada del resto del mundo. Esta isla contiene una civilización única. Lo inusual de ella es que sus habitantes, al contrario de los del resto del mundo, son realmente cuerdos. La primera cosa que el hombre nota son unos papagayos coloridos encaramados en los árboles, que continuamente cotorrean las palabras “Atención. Aquí y Ahora. Atención. Aquí y Ahora”. Estas palabras se las han enseñado los isleños para que les recuerden constantemente mantenerse presentes.

Así que siempre que sienta la negatividad surgiendo en ti, causada por un factor externo, por un pensamiento o por nada en particular de lo que seas consciente, mírala como una voz que te dice “Atención. Aquí y Ahora. Despierta”. Incluso la más leve irritación es significativa y debe ser reconocida y observada; en caso contrario, habrá una acumulación de reacciones no observadas. Como dijimos antes, puedes ser capaz de soltarla una vez te des cuenta de que no quieres tener este campo de energía dentro de ti y de que no sirve para nada. Pero entonces asegúrate de que la suelta completamente. Si no puedes hacerlo, acepta que está ahí y pon tu atención en ese sentimiento, como señalamos anteriormente.


Como alternativa a abandonar una reacción negativa, puedes hacerla desaparecer imaginando que te haces transparente a la causa externa de la reacción. Te recomendamos que practiques esto al principio con cosas pequeñas, incluso triviales. Por ejemplo, pensemos que estás sentado/a tranquilamente en casa. De repente se oye el sonido penetrante de la alarma de un auto al otro lado de la calle. Surge la irritación. ¿Qué sentido tiene la irritación? Ninguno en absoluto. ¿Por qué la creaste? No lo hiciste, fue la mente. Fue totalmente automático, totalmente inconsciente. ¿Por qué la creó la mente? Porque tiene la creencia inconsciente de que tu resistencia, experimentada como negatividad o infelicidad de alguna forma, disolverá en alguna medida la condición indeseable. Esto, por supuesto, es un engaño. La resistencia que creas, la irritación o ira en este caso, es mucho más perturbadora que la causa original (alarma) que estas tratando de disolver.


Todo esto puede transformarse en práctica espiritual. Siéntete a ti mismo/a volviéndote transparente, como volátil, sin la solidez de un cuerpo material. Ahora permite que el sonido, o lo que sea que cause la reacción negativa, pase a través de ti. Ya no golpeará una “pared” sólida dentro de ti.


Practica con cosas pequeñas primero. La alarma del auto, el perro que ladra, los niños que gritan, la congestión de tráfico. En lugar de tener un muro de resistencia dentro de ti que es golpeado constante y dolorosamente por las cosas que “no deberían estar sucediendo”, deja que todo pase a través de tu "transparencia" .


¿Alguien te dice algo con la intención de molestarle?. En lugar de tener una reacción negativa inconsciente, como ataque, defensa o repliegue, permite que pase a través de ti. No ofrezcas resistencia. Es como si ya no hubiera nadie ahí que pudiera ser herido. Eso es el perdón.

De esa manera ahora serás invulnerable. Puedes decirle a esa persona de todos modos que su conducta es inaceptable, si eso es lo que escoges hacer. Pero esa persona ya no tiene el poder de controlar tu estado interior. Estarás entonces en tu propio poder, no en el de la otra persona, y tampoco estarás gobernado por tu mente. Se trate de una alarma de auto, una persona descortés, una inundación, un terremoto o la pérdida de cosas materiales, el mecanismo de resistencia es el mismo.





Habrás escuchado alguna vez la frase: “pon la otra mejilla”, que un gran maestro de la iluminación usó hace dos mil años. Estaba tratándonos de comunicar simbólicamente el secreto de la no resistencia y la no reacción. En esa afirmación, como en todas las otras que hizo, se refería sólo a su realidad interior, no a la conducta externa de su vida.
Bibliografía:

Poder del Ahora (Eckhart Tolle)



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